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El modelo romántico del amor puede propiciar el surgimiento y la tolerancia a la violencia. Este modelo sugiere que el amor es más fuerte que todo, que el amor tolera todo y que lo perdona todo, que amar es ser capaz de dar sin esperar nada a cambio. Las imágenes de amor-pasión y de amor-fusión forman parte de una imaginación colectiva:
El discurso social que se mantiene en relación a la violencia conyugal
invierte las responsabilidades. Las víctimas son consideradas culpables;
los hombres violentos, inocentes.
1. La culpabilización de las mujeres:
Cuando una mujer es víctima de violencia, por lo general, incialmente se cuestiona: “¿qué hice mal para merecer esto?”. Este razonamiento responde a que las mujeres han interiorizado los valores atribuidos a la feminidad: ocuparse de los demás, hacer todo por los demás, ser responsables de la felicidad de los demás, darse, ser comprensivas y no ser agresivas. La sociedad les reafirma esta culpabilidad al responder de la siguiente manera: “ella se lo buscó”, “es su culpa”, “se lo merece”.
Basándose en las creencias sociales, las personas generalmente culpan a la mujer por ser víctima de violencia conyugal: si una mujer es sumisa, el abuso es justificado porque “ella lo permitió”; si una mujer es independiente y desafía a su esposo al no obedecerlo, merece un castigo porque se comporta como “una mala esposa”. Este tipo de razonamiento no deja ninguna opción a las mujeres. Cualquier cosa que hagan, se merecen o provocan lo que les pasa.
De igual forma, se le atribuye a la mujer la responsabilidad de abandonar a su pareja. Generalmente, las personas, al saber de algún caso en donde existe violencia conyugal, se preguntan “¿por qué no se va?” y asumen que si se queda es porque “es su cómplice” o “porque le gusta”. Las personas tienen una idea errónea de lo que viven las mujeres víctimas de violencia. Es necesario entender que las mujeres maltratadas no se quedan porque les gusta que les peguen o que las humillen, o porque el daño sea inocuo. No son personas enfermas ni masoquistas. La violencia actúa como un círculo vicioso del cual es difícil salir. Las mujeres maltratadas han desarrollado múltiples resistencias cotidianas que les permiten sobrevivir y construir espacios de libertad dentro de la prisión en la que viven. Toman un riesgo muy grande para denunciar y, muchas veces, a través de sus primeras iniciativas, esperan mantener la cohesión de la familia de la cual se sienten responsables. Es por medio de esta complejidad que se puede entender la actitud, a veces incierta y contradictoria, de las mujeres maltratadas.
2. La des-responsabilización de los hombres:
Se tiene la tendencia a considerar inocentes a los hombres que agreden a su pareja justificando sus actos violentos con sus dificultades propias de ellos. Contrariamente a lo que se escucha a menudo, el paso a la violencia no corresponde a una pérdida de control que provoca un acto violento. Según los testimonios de hombres violentos, sus actos son un medio para ejercer control y poder sobre la pareja y están ligados a una intención: el dar un mensaje. Por consiguiente, es necesario afirmar que el uso de la violencia es una elección personal y que los agresores son los únicos responsables de sus actos.
Quitarles la responsabilidad a los hombres violentos no favorece su toma de conciencia acerca de la violencia e incrementa el sentimiento de culpabilidad de las mujeres.
Las creencias y los estereotipos sociales que surgen de los factores citados anteriormente impiden que la mujer reciba la ayuda adecuada tanto de familiares y amigos, como de los servicios sociales, médicos y religiosos.
Las respuestas sociales negativas que reciben las mujeres maltratadas cuando buscan ayuda, les enseñan que no pueden escapar de su situación de abuso y que deben permanecer con su pareja.