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Efectos del Maltrato

Aunque cada mujer vive la violencia de una manera particular, se ha encontrado que el ser víctima de violencia conyugal puede ocasionar los siguientes efectos en las mujeres:

Fatiga física y psicológica

La mujer maltratada vive en un ambiente en donde la violencia, la privación y la tensión constante son la norma. Estos factores provocan un desgaste en su energía por lo que se siente agotada física y psicológicamente.

  • Privación: Muchas mujeres maltratadas son privadas de sus necesidades básicas (sueño, alimentación, etc.), de sus contactos sociales y de su libertad. El hombre controla cada aspecto de la vida de su mujer y la vigila constantemente. Esto va debilitando a la mujer física y mentalmente.
  • Violencia: El ser víctima de violencia provoca un desgaste de energía física y psicológica en cualquier ser humano debido a que se estimula el sistema nervioso autónomo como respuesta a una situación amenazante para su integridad. El abuso repetido puede provocar fatiga física y mental, ya que el cuerpo no ha terminado de recuperarse cuando se presenta un nuevo episodio violento.
  • Tensión constante: La mujer maltratada no solamente soporta la violencia, sino que vive bajo tensión permanente. El hombre crea un ambiente de violencia esperada: la violencia puede surgir en cualquier momento y bajo cualquier pretexto, por lo que, la mujer debe estar en guardia todo el tiempo y anticiparse a cualquier sanción. La impredecibilidad y la irracionalidad del abuso hacen que la mujer invierta muchas de sus energías tratando de evitar futuros ataques.
Miedo y terror
El agresor aterroriza a la mujer a través de las amenazas del uso de violencia en contra de ella o de sus seres queridos y con el uso de violencia de una manera impredecible e inconsistente. El terror que siente la mujer maltratada es constante y real y la pueden inmovilizar hasta llegar a la apatía.
Aislamiento
Los hombres violentos tienden a imponer el aislamiento en sus parejas relegándolas al hogar, recortando sus contactos externos y limitando sus actividades. Si le permite ciertos contactos sociales, él los controla y monitorea. Por consiguiente, la mujer no tiene a nadie en quien apoyarse ni contactos con personas que podrían ayudarla o ser una fuente de retroalimentación.
Como la mujer vive en un ambiente de violencia esperada, se refugia en su casa para evitar cualquier estímulo que pueda provocar una agresión y reduce sus contactos externos para minimizar las probabilidades de que un evento social pueda desencadenar un ataque violento. De esta forma, la mujer está aislada material y emocionalmente, lo que la lleva a volverse más dependiente de su pareja, quien, a su vez, experimenta un aumento del control a medida que se percata de esto.
Culpa y vergüenza

La mayoría de mujeres maltratadas se sienten responsables por haber sido agredidas. Creen que ellas hicieron algo para merecer o provocar el maltrato. Esta culpabilidad es reforzada por:

  • La cultura que frecuentemente culpa a la mujer por su situación, lo que responde a la aceptación social de los siguientes mitos: “la mujer es responsable del éxito/fracaso de su relación de pareja” y “la mujer es responsable de mantener la armonía en el hogar”.
  • El hombre violento que incentiva a la mujer a asumir la responsabilidad del maltrato. Le asegura después de cada episodio que: “Si ella no lo hubiera provocado o si ella se hubiera comportado de una manera adecuada, él no hubiera tenido que recurrir al uso de la violencia”. Debido a la culpabilidad que la mujer siente y a la culpabilización externa de la cual es objeto, la mujer siente vergüenza frente a los demás por la violencia de la cual es víctima. Por este motivo, la mayoría de mujeres maltratadas no discuten el abuso con otras personas y se refugian en el aislamiento.
Baja Autoestima
Los hombres violentos constantemente descalifican y desvalorizan a sus mujeres como personas, esposas, madres y profesionales. Las mujeres terminan creyendo las críticas de su pareja acerca de su incapacidad, por lo que van perdiendo, poco a poco, la noción de valor de ellas mismas. Las situaciones de abuso refuerzan y profundizan los sentimientos de desvalorización y no permiten que crezca la confianza en ellas mismas y en sus capacidades. Sus intentos fracasados por superar la situación les refuerza su creencia de que son incapaces, lo que debilita más su auto-estima.
Pérdida de Identidad
La autoridad y el control total que el agresor tiene sobre la vida de la mujer maltratada hacen que la mujer se encuentre desposeída de su capacidad para expresar su voluntad y sus deseos. Eventualmente, las mujeres pierden contacto consigo mismas, lo que las lleva a sentirse incapaces de pensar, sentir y actuar independientemente. Esto va destruyendo su personalidad.
Impotencia y desesperanza
Debido a sus intentos fracasados por controlar o evitar la violencia, la mujer llega a creer que nada de lo que haga puede cambiar su situación. Esta creencia promueve sentimientos de desesperanza e impotencia. En muchos casos, ésto puede ser el origen del estilo de pensamiento pesimista, común en las mujeres víctimas de violencia doméstica, que frecuentemente está asociado a la depresión.
Enojo e ira

La situación en la que vive la mujer maltratada desencadena sentimientos de enojo en ella. Con el tiempo, este enojo se va acumulando y puede llegar a convertirse en ira. En relación al enojo, se ha encontrado que las mujeres maltratadas:

  • Esconden sus sentimientos de enojo por miedo a desencadenar otro ataque.
  • Niegan sentirse enojadas mientras que se comportan de manera hostil o pasiva-agresiva.
  • Quieren sentirse enojadas pero sienten mucha compasión por el agresor para poder manejar sus sentimientos.
  • Se sienten más irritadas por las personas y por pequeñas cosas, sin conectar estos sentimientos de impaciencia e irritabilidad con el enojo.
  • Se enojan con ellas mismas porque se sienten responsables de lo que están viviendo. Esto está ligado al sentimiento de culpabilidad, y puede manifestarse a través de depresión o de conductas auto-destructivas.
Pérdida de Autonomía
La privación de su libertad de movimiento, de elección y de recursos económicos propios; el control que el agresor tiene sobre su vida y sus actividades, y el aislamiento en el cual vive, son factores que no permiten que la mujer maltratada sea una persona independiente que puede tomar decisiones libremente y que puede valerse por sí misma. Esto hace que la mujer dependa del agresor para su sobrevivencia y para la satisfacción de sus necesidades básicas.
Tristeza y depresión
Los factores que están presentes en la vida de la mujer maltratada debido a la violencia conyugal--las constantes agresiones, la culpabilidad, el sentimiento de fracaso, la vergüenza, la soledad, la falta de apoyo, la descalificación y desvalorización constante, la impotencia, la desesperanza, la frustración—pueden provocar sentimientos de tristeza o incluso un cuadro depresivo en la mujer. Los síntomas pueden incluir: apatía, fatiga o cansancio, pérdida de peso, problemas de alimentación y de sueño y poca concentración. Pueden en algunos casos tener pensamientos de muerte o ideación suicida.
Ansiedad
El terror y la tensión constante que la mujer vive en una situación de violencia conyugal fomentan la ansiedad en la mujer, ya que debe permanecer en constante vigilancia ante cualquier clave de peligro potencial. Debido al alto nivel de estrés con el que la mujer vive, puede desarrollar síntomas psicofisiológicos que se dan por la sobreestimulación del sistema nervioso autónomo como lo son: palpitaciones, dificultad para respirar, ataques de pánico, nerviosidad extrema, dolores estomacales y enfermedades físicas.
Negación

La negación se refiere al rechazo involuntario de reconocer que se vive una situación de violencia. Puede tomar varias formas:

  • Minimizar los hechos y sus consecuencias
  • No tomar en cuenta el fenómeno dentro de su repetición y su continuidad. Cada crisis se presenta como un incidente aislado sin relacionarlo con otros episodios.
  • Justificar la violencia y excusar al agresor invocando, por ejemplo, su historia familiar dolorosa o un contexto momentáneamente difícil ( problemas de trabajo, de dinero, de alcohol, ..)

La negación es utilizada como un medio inconsciente para protegerse y puede explicarse por:

  • El apego al agresor,
  • la dificultad de cuestionar a la pareja o a la familia y
  • el rechazo de aceptar el calificativo de “mujer maltratada”. Este estereotipo no corresponde a la imagen que uno tiene de uno mismo y es muy desvalorizante socialmente.