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Aunque cada mujer vive la violencia de una manera particular, se ha encontrado que el ser víctima de violencia conyugal puede ocasionar los siguientes efectos en las mujeres:
| Fatiga física y psicológica | La mujer maltratada vive en un ambiente en donde la violencia, la privación y la tensión constante son la norma. Estos factores provocan un desgaste en su energía por lo que se siente agotada física y psicológicamente.
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| Miedo y terror | El agresor aterroriza a la mujer a través
de las amenazas del uso de violencia en contra de ella o de sus seres
queridos y con el uso de violencia de una manera impredecible e inconsistente.
El terror que siente la mujer maltratada es constante y real y la
pueden inmovilizar hasta llegar a la apatía. |
| Aislamiento | Los hombres violentos tienden a imponer el aislamiento
en sus parejas relegándolas al hogar, recortando sus contactos
externos y limitando sus actividades. Si le permite ciertos contactos
sociales, él los controla y monitorea. Por consiguiente, la
mujer no tiene a nadie en quien apoyarse ni contactos con personas
que podrían ayudarla o ser una fuente de retroalimentación. Como la mujer vive en un ambiente de violencia esperada, se refugia en su casa para evitar cualquier estímulo que pueda provocar una agresión y reduce sus contactos externos para minimizar las probabilidades de que un evento social pueda desencadenar un ataque violento. De esta forma, la mujer está aislada material y emocionalmente, lo que la lleva a volverse más dependiente de su pareja, quien, a su vez, experimenta un aumento del control a medida que se percata de esto. |
| Culpa y vergüenza | La mayoría de mujeres maltratadas se sienten responsables por haber sido agredidas. Creen que ellas hicieron algo para merecer o provocar el maltrato. Esta culpabilidad es reforzada por:
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| Baja Autoestima | Los hombres violentos constantemente descalifican
y desvalorizan a sus mujeres como personas, esposas, madres y profesionales.
Las mujeres terminan creyendo las críticas de su pareja acerca
de su incapacidad, por lo que van perdiendo, poco a poco, la noción
de valor de ellas mismas. Las situaciones de abuso refuerzan y profundizan
los sentimientos de desvalorización y no permiten que crezca
la confianza en ellas mismas y en sus capacidades. Sus intentos fracasados
por superar la situación les refuerza su creencia de que son
incapaces, lo que debilita más su auto-estima. |
| Pérdida de Identidad | La autoridad y el control total que el agresor
tiene sobre la vida de la mujer maltratada hacen que la mujer se encuentre
desposeída de su capacidad para expresar su voluntad y sus
deseos. Eventualmente, las mujeres pierden contacto consigo mismas,
lo que las lleva a sentirse incapaces de pensar, sentir y actuar independientemente.
Esto va destruyendo su personalidad. |
| Impotencia y desesperanza | Debido a sus intentos fracasados por controlar
o evitar la violencia, la mujer llega a creer que nada de lo que haga
puede cambiar su situación. Esta creencia promueve sentimientos
de desesperanza e impotencia. En muchos casos, ésto puede ser
el origen del estilo de pensamiento pesimista, común en las
mujeres víctimas de violencia doméstica, que frecuentemente
está asociado a la depresión. |
| Enojo e ira | La situación en la que vive la mujer maltratada desencadena sentimientos de enojo en ella. Con el tiempo, este enojo se va acumulando y puede llegar a convertirse en ira. En relación al enojo, se ha encontrado que las mujeres maltratadas:
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| Pérdida de Autonomía | La privación de su libertad de movimiento,
de elección y de recursos económicos propios; el control
que el agresor tiene sobre su vida y sus actividades, y el aislamiento
en el cual vive, son factores que no permiten que la mujer maltratada
sea una persona independiente que puede tomar decisiones libremente
y que puede valerse por sí misma. Esto hace que la mujer dependa
del agresor para su sobrevivencia y para la satisfacción de
sus necesidades básicas. |
| Tristeza y depresión | Los factores que están presentes en la
vida de la mujer maltratada debido a la violencia conyugal--las constantes
agresiones, la culpabilidad, el sentimiento de fracaso, la vergüenza,
la soledad, la falta de apoyo, la descalificación y desvalorización
constante, la impotencia, la desesperanza, la frustración—pueden
provocar sentimientos de tristeza o incluso un cuadro depresivo en
la mujer. Los síntomas pueden incluir: apatía, fatiga
o cansancio, pérdida de peso, problemas de alimentación
y de sueño y poca concentración. Pueden en algunos casos
tener pensamientos de muerte o ideación suicida. |
| Ansiedad | El terror y la tensión constante que la
mujer vive en una situación de violencia conyugal fomentan
la ansiedad en la mujer, ya que debe permanecer en constante vigilancia
ante cualquier clave de peligro potencial. Debido al alto nivel de
estrés con el que la mujer vive, puede desarrollar síntomas
psicofisiológicos que se dan por la sobreestimulación
del sistema nervioso autónomo como lo son: palpitaciones, dificultad
para respirar, ataques de pánico, nerviosidad extrema, dolores
estomacales y enfermedades físicas. |
| Negación | La negación se refiere al rechazo involuntario de reconocer que se vive una situación de violencia. Puede tomar varias formas:
La negación es utilizada como un medio inconsciente para protegerse y puede explicarse por:
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